HAITÍ- Oscar Amaya Armijo
Tenemos que agarrar fuerza, sacarla de las entrañas, para no desfallecer ante los muertos apiñados. Ay, Haití, te pareces al Cristo subiendo el Gólgota o al Che en el desgarre de sus piernas; què tiempos tienes de estar allí, desde siempre, digamos, con tus muertos a cuesta, igual que América, con sus muertos desollados desde que los galeones llegaron a sus costas. Desde entonces, Haití, siento el fluir de tu sangre y de tus lágrimas sin que nadie pueda detener tu holocausto, pequeño tiesto tirado en el mar.. De nada sirve el verde mar en tus costillas, pequeño clavel sin aliento, si ya no puedes con tus muertos. Nos has salpicado con tu dolor acumulado en el acantilado de tus años. Nunca has dormido, siempre llegan hasta tus límites las alimañas verdes a pertubar tu sueños de gaviota. Ay, Haití, siento crujir tus andamiajes cuando los cuervos con sus caras de hiena vienen desde el norte a sacar tus ojos del despojo de tu cuerpo; entonces, me dueles hondo, es un dolor que no tiene tamaño, me desborda la angustia de tus pupilas, la agonía que sobrepasa la canela de tu piel. Ay, Haití, hay malditos que se atreven a maldecir tu sangre derramada; son las aves agoreras que te robaron el aliento, el acrisolado reír en el tisne de tu rostro. Allí yaces, Haití, cansada de tanto morir. Pero ya verás cómo desde el cieno te levantarás, surcarás por encima de los lobos que hoy chupan tu sangre y volverás a tu sonrisa pletórica de esperanzas, a cargar tu morral de sueños. Ven, Haití, ponte tus alas, ven a volar en el trino de tus amaneceres. Mañana ya no habrá sufrimiento en el calcáreo afán de tus uñas. Haití...
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Por lobogabriel - 2 de Febrero, 2010, 8:49, Categoría: lecturas
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